viernes, 4 de septiembre de 2026

Otro curso más que comienza, pero...



Hacía mucho que no me asomaba por aquí, pero estos días estoy pensando en lo que eran estos momentos años atrás. Hoy llevaría ya cuatro mañanas acudiendo a reuniones para preparar el nuevo curso, tras unas jornadas de formación. Estas últimas, en algunos momentos útiles aunque solo fuera por volver a vernos y hacer grupo con los nuevos compañeros. Las citadas reuniones, como tantas a lo largo del curso año tras año, más de lo mismo, cuatro ideas y poca operatividad, pero hay que contar horas de reuniones.

Lo bueno, lo esencial de nuestro trabajo, donde hay que echar horas, ganas, ilusión y muchas cosas más viene unos días después, esta vez el próximo martes, en el aula.

No voy a quejarme de estar jubilado, claro que no, pero he de reconocer que lo que me llevó a dedicarme a la educación fue una vocación desde muy pequeño, desde el corazón, y por eso ahora reconozco que hay muchos momentos de esa vida que echo mucho de menos.

Hoy me quedo con el cariño que recibo muy a menudo por la calle de alumnos y alumnas que te recuerdan, o sus padres y madres. Todo eso es el premio a una dedicación sin límites y es lo que más. Como siempre digo en estos casos, algo habremos hecho bien en tantos años, porque también sería muy fácil por su parte cambiarse de acera o mirar para otro lado al vernos.

Unas personillas que han marcado mis últimos años, siempre dedicados a ayudar a mis alumnos y alumnas, con y sin problemas, son esas tan especiales que son quienes más nos necesitan siempre. Alumnado con TDAH, Síndrome de Tourette, Asperger y tantos otros problemas que no les ponen nada fácil su día a día y la mayoría de las veces no por tener esa condición, sino más bien porque las personas que les rodean no saben que con su forma de actuar les pueden ayudar enormemente. Así que desde mi nueva situación seguiré aportando mi granito de arena en el día a día, en la calle o acudiendo como siempre a echar una mano a charlas, jornadas o lo que sea necesario ahora sin la sujeción a antiguos horarios. Mi recuerdo y cariño a mis amigos y amigas de Ceuta, a donde acudí este año a dos congresos de TDAH, deseándoles que pase lo antes posible esa brutal pesadilla que están viviendo.

Me considero pues maestro y educador para toda la vida, porque en el día a día hay muchas situaciones que te hacen reaccionar y sacan de ti ese docente que llevas dentro y ayudas, enseñas, haces cosas sencillas para mejorar la sociedad que nos rodea.

Hay personas que echo mucho de menos en estos momentos, personas a las que he llegado a querer de verdad, no solo al alumnado, también a compañeros y compañeras, algunos hoy ya amistades para siempre, a alguna persona que el día a día en la escuela me permitía ver y alegraba esta vida que tanto ha cambiado. Gente a la que me gustaría seguir viendo siempre. Habrá que hacer algo para no perder lo que me ha ayudado a ser feliz durante años.


miércoles, 3 de diciembre de 2025

Un paseo hasta Ceuta por el TDAH


Justo a estas horas hace ya una semana estaba en la estación esperando un AVE que me llevara a Málaga para allí, tras una espera de dos horas, poder subir a un helicóptero que me dejara en Ceuta. Poco más de mil kilómetros y llegaría en mi destino.

Partía de Zaragoza con una pequeña maleta con algo de ropa y las cosillas necesarias para un viaje, además de una bolsa colgada al hombro con cuatro cosas para entretenerme por el camino y para el II Congreso TDAH al que me dirigía. El resto de necesidades básicas, como siempre que haces estos viajes, no caben en la maleta, así que las llevas en tu cabeza y tu corazón.

Una vez allí, como siempre que voy a cualquier otro lugar, me recibieron y trataron muy bien y tras descansar del largo viaje, al día siguiente comenzaba las actividades para las que había sido solicitado. Primero una sesión de formación con orientadoras de la ciudad de Ceuta en la Dirección Provincial de Educación y posteriormente, por la tarde, la segunda jornada del Congreso del que era ponente ese día cerrándolo. Entre ambas actividades un arduo e inútil esfuerzo para solucionar un problema informático al que le dio solución un chico de 12 años minutos antes de empezar la sesión. Un claro ejemplo de que nuestros chicos son capaces de desarrollar sus capacidades hasta donde sea necesario si les dejamos. Al menos tienen que intentarlo. Los límites los tienen que encontrar ellos. El día terminaba con un buen amigo cenando con un rato de charlas y algunas risas.

Al día siguiente volvía a hacer el recorrido inverso realizado dos días atrás. El helicóptero hacía su recorrido y a la espera de más de cuatro horas para subir al AVE en Málaga se unían que venía con un retraso de 35 minutos y la llegada a Zaragoza con más de una hora también de retraso sumado al anterior, así que un día entero de un sitio para otro. Dos días después estaba todavía en casa algo desubicado.

Tras estas aventuras, siempre me quedan algunas cosas que dan vueltas en mi cabeza. Una de ellas es que esas personas con las que convives unas pocas horas nunca sabes si algún día las volverás a ver, habiendo dejado en ti ese agradecimiento por haber ido hasta su ciudad y por esa ayuda que te agradecen y de la que no llegas a ser verdaderamente consciente que haces por esas familias y esos chicas y chicas que sufren día a día su situación en el colegio, en la calle o en la sociedad en general. Pienso en la cantidad de lugares, ciudades o países que he visitado y recuerdo caras, palabras y muestras de agradecimiento que nunca se olvidan.

Al volver, tras los arduos viaje de ida y vuelta y el intenso día intermedio, regreso a casa con la maleta y la bolsa al hombro. Noto que su peso es el mismo que a la ida, pero sin embargo la noto llena, mucho más llena porque va repleta de agrado, palabras, sonrisas y afecto. Además, lo más importante, capaz de camuflar todo el cansancio acumulado, es la enorme satisfacción de haber conseguido llegar a gente que necesitaba mi pequeña labor, la satisfacción del deber cumplido una vez más.

                                                Fco. Javier Lozano – 3 de diciembre de 2025

lunes, 3 de noviembre de 2025

TDAH desde la Patagonia argentina



Ya han pasado un año y unos pocos días más desde aquel en que tuve de abandonar las aulas debido a mi jubilación. Mi vida ha ido cambiando poco a poco, pero era un momento que tenía que llegar.

La gente te pregunta por el cambio que supone y, es cierto, que es muy distinto todo desde aquel momento, pero hay distintas cuestiones al hablar del tema educativo. Por una parte no volveré a pisar un aula con asiduidad y poder ver esas caras que te miran con cariño y esperanza porque saben que de de ti dependen más cosas de su vida de lo que todos pensamos.

Hay otra parte que tiene que ver con mi actividad dedicada a los niños, niñas y familias que viven a diario los efectos del TDAH, Síndrome de Tourette, o el acoso escolar entre otros, durante los últimos casi veinte años. Muchos viajes, miles de kilómetros por España y por otros países, e incluso por video conferencias desde casa, en los que he recibido mucho cariño, agradecimiento y apoyo por esa labor que un día decidí hacer a petición un primera asociación que me señaló ese camino, a veces pesado, otras cansado, pero siempre con la ilusión de ser útil a mucha gente.

Podría contar con mucha emoción muchas anécdotas de padres y madres que me han achacado el éxito de sus hijos e hijas con el paso del tiempo por mis palabras, mis consejos para trabajar con el problema, sin darse cuenta, como no me canso de decirles que el haber conseguido todo eso es debido a su esfuerzo y su trabajo diario, así como el de los menores, a veces no tanto, implicados.

Recuerdo fotos con mucha gente para poder tener un recuerdo de esos instantes inolvidables, porque en todos los lugares he sido siempre recibido, desde el primer día hasta mi último viaje hace unos meses a Ceuta, como si fuera uno más de esas familias y asociaciones.

Como prueba de todo esto, algún detalle, sin dejar de recordar los montones de mensajes pidiendo opiniones y consejos. Todavía recuerdo el abrazo y las lágrimas de una madre al bajar del escenario en un acto en Valladolid, agradeciendo lo importante que había sido escucharme en Palencia meses atrás y haber aplicado con su hija lo que había escuchado, una vez más, como os he contado haciendo responsable de unos resultados que eran debido a su enorme implicación. Esto se repitió en más lugares, algo que me llegó muy adentro.

Para no cansar más con este artículo, os copio a continuación, con permiso de la autora a la que no conozco personalmente, un agradecimiento que me llegó hace cuatro días tras contestar a mi felicitación por su cumpleaños, cosa que suelo hacer todos los días que tengo tiempo para ello. Como ella me dijo al pedirle dicho permiso... ”Siii claro que si, nosotros aquí somos ejemplo e incentivo para muchos padres y esa es la idea poder dar esperanzas y no bajar los brazos para con nuestros hijos”

Me volvió a dejar sin palabras después de llegarme al corazón, algo que en estos momentos ayuda a seguir adelante. Ahí va...

“Muchas gracias Licenciado, un abrazo grande desde la Patagonia Argentina. Maestro querido del cual aprendí muchísimo y aplique en mis hijos con tea y tdah. Hoy la niña con tea, a un año de terminar secundaria, muy aplicada e independiente y el niño, con tdah, en su primer año universitario estudiando psicopedagogía, también independiente y todo lo que aprendió lo aplica en su día a día. Y pensar que decían profesionales que ninguno llegaría a terminar sus estudios, fue un trabajo de día a día constante ver de que lo que los terapeutas aplicaban también se siga en todos los ámbitos que frecuentaban e incluso en el hogar . HOY DIGO SI SE PUEDE, lo digo porque fueron evaluados a los 3 y 4 años que no socializaban, no soportaban ambientes con ruidos, con gente, luces fuertes y una hiperactividad que supera a cualquiera . Y usted fue uno de mis guías GRACIAS POR TANTO”

               Fco. Javier Lozano – 3 de noviembre de 2025

miércoles, 22 de octubre de 2025

  Mañana es el primer día 


Hoy debería ser uno de esos días del año en que estás impaciente porque esperas que mañana empiece un nuevo capítulo lleno de intriga, emociones, sorpresas y mil cosas más, pero resulta que tras muchos años así se ha convertido en uno más, como cada uno de los casi ya últimos once meses tras mi jubilación.

Las aulas se llenarán de nuevos alumnos expectantes a los que no podre ver sus caras de inquietud, al menos en esos primeros minutos cuando entras y te sientes observado por todos y cada uno de ellos, porque no te conocen y quieren saber cómo vas a responder a sus inquietudes. Unos esperan un trato distendido y agradable, otros quieren saber si serás mejor que la persona que la que le toco el curso anterior, otros no quieren defraudarte académicamente, otros… así hasta llegar a todos aquellos alumnos y alumnas que esperan de ti algo especial porque su personalidad lo requiere y lo necesita con urgencia. Me refiero a todos que sufren de algún tipo de trastorno o de situaciones de acoso o de algo por el estilo.

Desde que apareció en mi vida escolar el primer caso de TDAH mi vida como educador cambió por completo y lo que era una vocación, sí desde muy pequeño, se complementó con una necesidad vital de estar al lado de aquellas personas que sufren este trastorno, además de sus familias, y no dejarles de la mano. Poco a poco te das cuenta de que existen otros trastornos y tratas de llegar en lo posible a toda persona que se cruza en tu camino y que te das cuenta que puede necesitarte, lo de menos es el nombre, ya sea Síndrome de Tourette, Asperger, Autismo, etc. además de casos de acoso escolar.

La libertad que me da estar jubilado me permite, ya que no puedo estar al tanto a su lado en el aula, poder tener más tiempo para poder acercarme a lugares donde me han ido llamando para echar una mano y antes era casi imposible, o atender desde redes, en lo que pueda a familias que necesitan apoyo, muchas veces simplemente ser escuchadas y hacerles ver por dónde ir o hacerles ver que van por el buen camino y, sobre todo, evitar que les caiga encima ese sentimiento de culpabilidad que les da el desconocimiento de lo que les está ocurriendo a sus hijos o la simple falta de apoyo.

Así que mañana nos pondremos en marcha y todos a una lucharemos juntos para que sea el primer día de los que quedan para conseguir que nuestros alumnos y alumnas, vuestros hijos e hijas, sean cada día un poco más felices. Seguro que ente todos es posible.

                           Fco. Javier Lozano, 7 de septiembre de 2025


jueves, 28 de agosto de 2025

Los mensajes contradictorios


Tengo la sensación a diario de que cada vez con más frecuencia se impone en nuestra sociedad una costumbre que se confunde con la buena educación. En demasiadas ocasiones se mandan mensajes contradictorios en la misma frase cuando lo que se pretende es dar una orden. No importa el ámbito, la situación o el momento.

En la carretera, en los últimos viajes, me llama la atención ver en los paneles luminosos que te encuentras por autovías y autopistas una llamada de atención para los conductores, supongo que también para acompañantes que se encargarán de dar la tabarra al leerlos, cosa que tampoco está mal, avisos que piden que cumplamos las normas por favor, como si dicho cumplimiento no fuese obligatorio y dependiera la buena voluntad de cada cual. Ayer leía en uno de ellos “Ponte el cinturón por favor”. No digo que esté mal, pero ¿qué cara pondrías si en el semáforo por el que vas a pasar en un cruce en medio de la ciudad pusiera ”Para cuando se ponga rojo por favor”? Vuelvo a reconocer que no estaría mal, pero bien tampoco pues tenemos que tener claras las normas y las leyes y cumplirlas cuando llega el momento. O el colmo ¿Te imaginas que una vez que te saltas ese semáforo te para el guardia y te dice con dulzura… “corazón te has saltado el semáforo, son doscientos euros de multa y cuatro puntos del carnet”

Como estos hay decenas de mensajes en nuestra vida diaria que se lanzan amparados en la buena educación, no me cabe la menor duda, pero ¿Son efectivos? ¿Lo son tanto como deberían serlo? Yo creo que hacen que la orden, petición o mensaje que mandamos pierda parte de su efectividad. Pongo otro ejemplo. Un niño o una niña hace algo mal. Yo creo más efectivo y acertado pedirle, sin gritos, malas caras ni reproches que recoja sus cosas, que deje de hacer algo que no debe o mil cosas más, pero con un mensaje claro, corto y sin adornarlo con cariño, corazón o palabras por el estilo, precisamente porque le quieres y pretendes que aprenda para la próxima vez. Lo mejor sería, ya habrá tiempo para palabras bonitas, abrazos y arrumacos, que una vez lanzado el mensaje inicial, tras él o después de corregir lo que había hecho mal o dejado de hacer, explicarle por qué debe hacerse bien y entonces, según se vea, agradecer lo hecho haciéndole ver lo positivo de su acción. Yo siempre creo haber actuado así con mis alumnos y siempre he podido comprobar sus reacciones altamente positivas.

Cada uno es muy libre de actuar como crea conveniente o como su conciencia o su forma de ser le diga, pero es mejor que los mensajes sean concretos y dichos con buenas palabras, pero sin edulcorarlos de más.

 Fco. Javier Lozano, 1 de agosto de 2025

viernes, 20 de septiembre de 2024

"El tiempo sigue su curso"

 

Por fin llegó ayer ese día tan ansiado por un lado y tan temido por otro del último día de trabajo, el de tu jubilación, que plantea una cantidad enorme de dudas, tal vez irresolubles.

Te ves ante un poliedro de muchas caras y demasiadas aristas, tal vez infinitas, cada una de ellas con matices distintos. Algunas duras y cortantes, escondiendo tras ellas recuerdos de una vida que va y viene en el tiempo sin orden ni concierto, de algunos días vividos de los que el olvido no quiere hacerse cargo y engullirlos como hace el tiempo con otros muchos. Otras son muy suaves, algunas nos ponen ante situaciones más o menos creíbles, otras ante deseos y sueños que nunca sabemos si podrán convertirse en realidad, en un futuro que no sabemos el tiempo que podrá durar.

Las caras de este poliedro representan situaciones de nuestra vida, campos de una existencia que ocuparemos con mayor o menor frecuencia en consonancia con nuestro grado de actividad, de salud y libertad, movidos por obligaciones y retos, por ilusiones y frustraciones, las que tiene cualquier ser humano.

Dejar atrás a ese alumnado que ha llenado mis momentos de ilusión por enseñarles la dirección del camino en sus vidas, además de darles herramientas para ser mejores cada día, es duro, por una parte, porque crean un vacío imposible de llenar, pero por otra te libera de muchas responsabilidades que dejas ya en sus manos y en las de la gente que vive con ellos en su día a día. Ya han ido creciendo. Algunos demasiado.

A la hora de la despedida, están las personas con las que has trabajado codo a codo desde hace muchos años. Como en cualquier colectivo humano, los momentos vividos, alegres y tristes, hacen que algunas ya formen parte de ti, de tu vida, de esos momentos que te gustaría repetir y a quienes no quieres soltar de la mano, que no desaparezcan para siempre. A las demás les deseas lo mejor y dejas que sigan su camino. Solo de vez en cuando, tal vez aparezcan en algún recuerdo medio perdido o descabalado de tu existencia.

La nueva vida, después de tantos años de esfuerzo y trabajo, siempre pensando en los demás, me lleva al momento de pensar también un poco en uno mismo y para ello en desarrollar un nuevo tipo de vida, especialmente en el plano mental, sentimental, donde la libertad y la sensibilidad tomen el mando para conseguir llenar el mayor número momentos de alegría, porque como me decía hace unos años una amiga y maestra tras su jubilación, ahora empieza un nuevo momento, una nueva vida y estoy en lo mejor de lo peor.

Fco. Javier Lozano – 20 – septiembre – 2024


sábado, 22 de junio de 2024

"Respeto y otras zarandajas"

Hace unos días volví a vivir una de esas situaciones que te hacen pensar. Muchos años educando personas, ayudándolas a entender que el resto de las que están a su alrededor también tienen una vida y que de nosotros puede depender que sea algo mejor en determinados momentos.

Poco más de las nueve de la mañana, me encuentro en urgencias de un gran hospital de Zaragoza, acompañando a una persona que se siente mal. Ya que el ambiente no suele ser muy agradable en esos lugares, ni corto el tiempo de espera, ayer hasta las cinco de la tarde tras cuatro horas para ser atendido, ves a tu alrededor cosas difíciles de entender. Varios carteles de un tamaño considerable por las paredes indican determinadas prohibiciones que, por mucho que nos pese, son necesarias. En una de ellas, un móvil enorme de color azul está tachado con una equis roja, indicando que no se utilice para hablar dentro de la sala.

Son varios los sonidos que se escuchan a mi alrededor, música sin auriculares y otras de vídeos de diferentes redes sociales, que se nota en determinadas caras a las que molestan, probablemente por un posible malestar general o un simple dolor de cabeza que les ha llevado hasta esa sala de urgencias.

En un momento determinado un señor, de unos cincuenta años con poco pelo y barba, a voz en grito habla de cuarenta kilos de lomo que tiene que vender a la empresa R, pero indicando que de momento no hagan nada por determinadas cuestiones de personas y facturas que no nos interesan a los demás y que a él deberían sonrojarle. Momentos después, tres asientos a mi izquierda, una señora muy arreglada, habla con alguien sobre un enfermo, para pasar en segundos a preguntarle por las vacaciones y qué tal les va en un bonito pueblo del Pirineo aragonés y, durante unos minutos de la cama de un hospital se pasa a los imponentes montes pirenaicos. Lo más curioso del asunto es que el de los cuarenta kilos de lomo me mira y sonríe como haciéndome ver lo mal que hace la señora. Lo de él no lo ha visto, claro.

Así discurre la mañana entre músicas, conversaciones y otras zarandajas, que darían para mucho y que tampoco tienen muy en cuenta el tema del respeto a las personas de nuestro entorno en esos lugares. En un momento determinado necesito hacer una llamada, me levanto y le indico a mi acompañado en un tono prudente, pero que puedan oír los dos de los móviles, que vuelvo enseguida que voy a salir a la calle para hablar. Yo creo que sus miradas se dispersan, no por su actitud anterior, sino simplemente porque el egoísmo en esas y otras situaciones hace que vivan solo su vida, esa en la que los de alrededor, estén enfermos o no, poco les importa, su ego les marca el camino.

De todos modos, espero que cada vez, aunque poco a poco, seamos conscientes de estas y otras situaciones y vayamos mejorando la especie. Tantos años entre mi alumnado me hace pensar, con optimismo, que muchos de ellos ya están en ese camino.

                                                Fco. Javier Lozano, 22 - junio -­ 2024


jueves, 29 de febrero de 2024

"Volver a empezar"


Hace unos días volvía a casa recordando, por las calles de mi querido barrio de Torrero, antiguos negocios, talleres, bares… ya desaparecidos que me trasladaban a mi infancia. Iba a contar todo eso cuando otro fragmento de mi niñez se cruzó entre mis recuerdos y decidí dejarlo para otro día. 

Era por la tarde. Estaba en la librería de mis hijas y salí a la calle para tomar un poco de aire cuando veo acercarse por la acera a un señor empujando un carro de compra. Lo miro, me mira y una sonrisa nos devuelve a un ayer lejano, muy lejano, pero no perdido. Sí, era él, aquel niño de entonces, cinco ó seis años menor que nosotros, los mayores, a los que seguía por la arena de la playa de Peñíscola o la calle donde tenían alquilado su apartamento ellos en Benicarló.

En todos estos años, pues aquel niño ya ronda hoy los sesenta, nos hemos visto un par de veces. También he tenido la suerte de ver a sus padres, una especie de tíos postizos, educados y agradables y hablar con ellos sobre todos aquellos veranos de coches pequeños, utilitarios de los 60 repletos de bolsas, maletas e incluso el Seat 600 de otro amigo de nuestros padres en cuyo portaequipajes, una rudimentaria baca de las de entonces, sobresalía en cubo de una fregona con su mocho como si de una bandera se tratase y que al pasar por algunos túneles de la carretera nacional de la época golpeaba en el techo con intención de caerse. Viajes eternos de ida y vuelta que se alargaban por el calentamiento de aquellos 600 y el 1400.

Como siempre que tardas en ver a alguien haces un recorrido por la familia. El padre ya fallecido, los hermanos a los que casi nuca volví a ver desde entonces salvo en un par de ocasiones casi en la prehistoria de mi vida, su antigua vivienda en la que yo aprendí a ir en bici jugándome la vida de un pino a otro, una Nochevieja en ella en medio del pinar donde estaba ubicada. Y así seguimos hasta volver a la arena caliente de la playa, a las noches del chiringuito donde, bajo la luz de la luna y el rumor de las olas, nosotros corríamos por la arena, mientras las madres y los padres echaban la partida y una charrada hasta que el sueño nos reclamaba.

Ahora que no vuelvo a la escuela más que de vez en cuando, donde recibo el cariño de mis chicos y chicas al verme y de algunos compañeros y compañeras que sé que me aprecian de verdad, sentir que la vida, además del cariño recogido en el trabajo diario después de tantos años, me regala este tipo de recuerdos en blanco y negro, de veranos de tardes interminables, de días de sol, en la que también hubo días de lluvia que disfrutamos con la misma ilusión, es cuando analizas tu recorrido vital y te planteas tantas cosas, tantas ilusiones, tantas personas a las que echas de menos, que casi valdría la pena tener una segunda oportunidad para poder apreciar y valorar con más intensidad cada uno de los momentos vividos y que sabes que jamás volverán. Sería como la película de Garci “Volver a empezar” ¿No te parece?

                                                  Fco. Javier Lozano 27- febrero - 2024

domingo, 19 de noviembre de 2023

"A paso lento"

En este momento parece estar algo más tranquilo. Que lo hayan despertado para venir a la escuela le ha cabreado como siempre, pero algo menos, y esa leche con cacao y las madalenas le han ayudado a empezar mejor su nueva jornada.

Nos hemos saludado con algunas bromas para que empiece más relajado y el trabajo que le han puesto para hoy, una presentación en Power Point de momento, lo mantiene entretenido y trabajando de verdad. Hoy no ha soltado su enfado con esa asignatura diciendo que no le gusta y que la odia como con el inglés, la biología, la lengua, la... bueno como con todas.


Es cuestión de paciencia, de saber estar cerca de él, que sepa que mi intención es apoyarle, no tanto en las asignaturas que hace mientras le acompaño, sino en el control de sus salidas de tono y sus reacciones desmedidas, que más de un compañero y profesores han podido sufrir más de lo aceptable.

Unos días atrás me hablaron de él, unas pinceladas algo preocupantes me pusieron en guardia y, cuando lo me lo fueron a presentar, reconocí en él al chico con el que había hablado ya varias veces al encontrármelo por los pasillos, porque varias horas al día parecía habitar en ellos.

El comienzo de cada hora es igual. Despotrica contra la asignatura del momento y, además de no querer hacer el trabajo encomendado, muestra una gran agresividad mordiéndose el puño como si fuera a pegarte, y a veces la camiseta, una irritación que tengo que aplacar con palabras, bromas y dosis de cariño que pronto le aplacan, al menos unos segundos que nos permiten empezar, otras veces unos minutos que le ayudan a relajarse.

Así llevamos ya una semana, una forma de ayudarle a gestionar situaciones que ya antes de estar conmigo, antes de venir a nuestro centro, eran un verdadero problema para él, compañeros, profesores y cuantas personas se iban cruzando en su camino.

Nada augura un final feliz, existen indicadores que pronostican problemas futuros si no se actúa rápidamente, y aun así la cosa es extremadamente complicada. Hoy, lo único que puedo hacer es suavizarle las horas, que se vaya más tranquilo a casa cada mañana. El otro día vino como siempre y al final conseguí que se fuera con una amplia sonrisa. Todos contentos. Objetivo conseguido.

 

                  Fco. Javier Lozano – 6, noviembre – 2023

jueves, 19 de octubre de 2023

"El silbido de los fuegos"

 

Ya han quedado atrás las fiestas del Pilar. Pasamos en Zaragoza unos días yendo de un lado para otro y, como en todas las fiestas populares, comiendo y bebiendo. La cosa era disfrutar de la calle, la familia y los amigos.

Entre los actos que se organizan y que son multitudinarios, además de conciertos y otras historias, están los fuegos artificiales. El otro día fui a verlos a un parque y las figuras formadas en el cielo, la multitud de colores y sus ruidos mantenían a la gente embelesada.

Pensaba yo mientras en todas aquellas personas que, por su condición de autistas sufren con esas explosiones de ruidos y colores, así como de esos animales, perros generalmente, que lo llevan fatal también. Con todo mi respeto hacia todos ellos quería plasmar hoy otra idea.

Los niños, subidos muchos de ellos a hombros de sus progenitores, seguían las estelas que surcaban el cielo con miradas de ilusión. En un momento dado, sin que mis pensamientos anteriores se esfumaran, unos de los grupos de fuegos lanzados hicieron que mi cabeza comenzara a pensar en otras cosas por sus insinuantes silbidos al ascender antes de explotar. Al ser disparados hacia la oscuridad del cielo entre aquellos árboles del parque su sonido era distinto a los anteriores y me hizo pensar en las noticias de la tele de estos últimos días en la guerra de Israel y la frontera de Gaza, incluso me remontó mucho más atrás a la de Rusia y Ucrania, y a tantas otras que ni sabemos de su existencia y donde las empresas armamentísticas y otros muchos grupos económicos se están forrando a manos llenas a costa de la muerte de muchas personas inocentes, entre ellas niños como los que a mí lado, a hombros de sus mayores miraban el cielo absortos entre ruidos y colores.

Pensé en las personas de la guerra, los que sufren a diario mientras nosotros disfrutamos de nuestras fiestas tan esperadas como merecidas, en esos niños de cara sucia debido al polvo producido por las explosiones y los derrumbes de sus casas y de sus vidas. Imagino sus miradas y sus pensamientos mientras escuchan el silbido de esos fuegos que en la guerra también generan colores y humo, pero a la vez muerte y destrucción.


¿Dónde está la conciencia de los gobernantes? Desde luego lejos de sus egos y sus bolsillos repletos de dinero que huele a muerte, sangre y destrucción. ¡Ya está bien! Como diría el gran humorista Gila ¿Podrían parar la guerra un momento? Y yo añado, si puede ser definitivamente, mejor.

                                                         Fco. Javier Lozano 19 – 10 – 23

martes, 3 de octubre de 2023

"Respeto en el tiempo"


Llevo unas semanas tratando temas como la autoestima y la motivación entre los alumnos de 2º y 3º de E.S.O. a petición de algunos compañeros y, dentro de ellos, surge uno de vital importancia, no solo entre el alumnado sino en el mundo en general. La juventud que puebla nuestras aulas hoy en día serán las personas adultas dentro de pocos años. Se trata del respeto, pero no solamente hacia los demás, sino también el que debemos tenernos a nosotros mismos, que está justo en la base del anterior.

Hablas con ellos y ves en sus miradas, gestos y expresiones, que son conscientes de la importancia real del respeto en sus relaciones, pero partiendo desde ellos mismos. Lo notas cuando los tratas en la relación personal de pasillo o en la calle. Te das cuenta en ese momento que lo realizado por y para ellos, al haber llegado a mentalizar a la mayoría, ha merecido la pena.

De repente tengo dudas de dónde se rompe esa cadena educativa que hace que un joven respetuoso de hoy sea mañana un adulto que parece no haber recibido noticias de que el respeto es fundamental. Todo esto me surgió, aunque pueda parecer extraño, este fin de semana cuando conducía por la autovía, pudiendo comprobar que el efecto del ámbito educativo de las aulas puede disiparse en años posteriores.

En primer lugar, todos hemos podido comprobar que las normas básicas de circulación que todos conocemos, mucha gente no las respeta. ¿Cuántas veces vas conduciendo respetando el límite de velocidad permitido y, uno tras otro te pasan superándolo ampliamente como si quisieran llegar a su destino antes de que acabe el mundo? Del móvil, no he dicho nada, eso lo estás pensando tú, pero tienes razón, también puede ser motivo de accidente y por lo tanto el respeto juega su papel.

Ya el detonante de este pensamiento fue ver cómo entre los Fernandos Alonsos de pacotilla que se lanzan a esas velocidades, hay algunos que ya no es que no respeten dichos límites, sino una de las normas más básicas y que en la vida normal, cuando vamos caminando también existe. Uno iba a una velocidad excesiva, pero el de atrás intentaba adelantarlo y para ello se le pegaba prácticamente en un momento intenso de tráfico en ese punto. No respetaba ni su más mínimo espacio vital, pudiendo provocar un grave accidente en cualquier momento involucrando a muchos de los que íbamos a su alrededor.

Sigo pensando, dónde dejamos el respeto a los demás y, por supuesto, hacia nosotros mismos cuando nos ponemos al volante, poniéndolos en constante peligro. Pensemos un poco más las cosas y que una maquina no haga que los egos, o vaya a saber usted qué, puedan hacer daño a cuantos nos rodean.  

                                               Javier Lozano, 3 – octubre – 2023


lunes, 18 de septiembre de 2023

"Otra vez a tu lado"


Por fin hace unos días llegó el nuevo principio de curso y ya he pasado mi primera semana. Este año, tras algunos meses más por la prejubilación, he vuelto a sentir el cariño de cuantos alumnos tuve en los cursos anteriores. Desde que aparecí por mi centro, y se enteraron de que estaba por aquí, ha sido un continuo bajar chicos y chicas a saludarme a la sala de profesores a preguntar por mí y a contarme, como muchos han hecho siempre, sus vidas.

 Han sido unos meses desconectado del día a día en el aula y, aunque es cierto que ha sido mi vida de los últimos más de cuarenta años, lo he echado de menos en muchos momentos. En otros muchos ya se agradece esa liberación de tareas repetitivas, de papeles y otras historias que poco tienen que ver con el verdadero trabajo de campo al lado del alumnado, acompañado de la tiza y un bolígrafo para resolver sus problemas, por un lado, y de mi sensibilidad para ayudar en lo posible en sus situaciones personales de todo tipo por otro, algo que años después me van agradeciendo cuando te encuentras con ellos por la calle. En los últimos meses he tenido muchos casos que me han ayudado a recordar que algo bien he debido de hacer en todo este tiempo por sus muestras de afecto y cariño. Ya os contaré un día de estos.

En el tiempo que voy a estar estos meses, mi labor consistirá en el acompañamiento de nuevo profesorado en las asignaturas que siempre he dado, o con no tan nuevo apoyando a grupos difíciles o con alumnos concretos que presentan algunas dificultades, no solo académicas, incluso de idioma o mil cosas más de apoyo a personas que llevan una tutoría por primera vez y, por qué no, echar una mano a compañeros o compañeras que necesiten cualquier cosa, aunque no esté reflejado en lo que he firmado para este periodo.

Cómo no, me preocupa ese alumnado del que he estado siempre tan atento, las personas con TDAH, aunque también Síndrome de Tourette, Asperger, acoso escolar etc. Concretamente ayer hablaba con una profesora de este último tema a raíz de un chico diagnosticado, a la vez que analizamos algunos comportamientos de otro aparentemente con rasgos claramente hiperactivos. En cualquier caso, mi objetivo sigue siendo estas personas, tanto los ya conocidos como los que vayan surgiendo. De momento ya hemos quedado para hablar de estos dos últimos casos y poder ver cómo ayudarles lo mejor posible.

                        Fco. Javier Lozano 18 – septiembre – 2023


jueves, 7 de septiembre de 2023

"A ritmo de tango"

Hoy la mañana ha salido gris después de muchos días. Me refiero al tiempo,  no al corazón, cuya tonalidad grisácea hace ya demasiado que solo algunos rayos de sol consiguen hacerla desaparecer por momentos, aunque luego vuelva a teñirse de nuevo.

Tras el cristal las gotas siguen su camino hacía el suelo sin remedio. Un grupo de ellas, impulsadas por esa tensión superficial innata que inunda su acuoso corazón, se quedan pegadas a él haciéndome compañía mientras suena de fondo música sinfónica de tango de una orquesta que hace esta mañana de silencios y soledad, llena de recuerdos y nostalgia, más llevadera.

                                          Fco. Javier Lozano 2 – septiembre – 2023

sábado, 1 de abril de 2023

"Con esfuerzo… sí, se puede"


A pesar de estar unos meses fuera de las aulas por mi prejubilación, no dejo de pensar y trabajar en el tema que ha ocupado mi vida, mi alumnado y, especialmente las personas que presentan algún problema, como los alumnos y alumnas con TDAH, aunque creo que en realidad se enfrentan a dicha situación, más que por ellos mismos, por el medio que les rodea en la propia escuela muchas veces, o como les ocurre en la sociedad en el día a día, por a la ignorancia, la soberbia y la desidia de muchas personas con las que se cruzan en su camino, ya tortuoso de por sí en demasiadas ocasiones.

Sigo en contacto con muchas familias de Zaragoza y de otros lugares por diferentes medios y estoy dispuesto a seguir así. Ayer leía en Facebook el comentario de una madre, conocida por este tema, y veía lo orgullosa que está con su hija, y con razón, porque debido a su esfuerzo y las medidas ordinarias aplicadas por su centro, ha conseguido superar con buenas calificaciones este segundo trimestre. Coincido con ella, como he dicho siempre en la importancia de valorar el esfuerzo por encima de las calificaciones.

Más tarde tuve una larga conversación con otra madre, amiga de una antigua alumna que la puso en contacto conmigo, preocupada por el más que posible TDAH de su hijo. Buscaba información sobre el tema, pero tenía muy claro lo que os acabo de contar en el caso anterior.

Todo esto me recordó un caso de hace ocho años y medio, que os cuento con el permiso de la madre desde aquel día y que no publiqué entonces. Le hablaron de mí, se puso en contacto conmigo y concertamos una entrevista para hablar del chico. Quería consejos sobre el tema y también sobre a qué centro llevar a su hijo. Prefiero copiaros tal cual, el correo que recibí un curso después de aquella conversación y del que he cambiado solo el nombre del chico.

“Buenos días Javier, quiero hacerte partícipe de mi alegría, mi hijo Luis ha titulado, la verdad es que estamos muy contentos, estos días en que mis compañeros de trabajo me hablan de que sus hijos están estudiando en EEUU, o que han sacado "cum laude" en alguna sesuda carrera, la verdad es que veo cierto desfase en mi alegría, pero da igual, para mi este título viene a ser la recompensa a tanto esfuerzo, es como si hubiésemos tocado Marte. 

Creo que me comprendes.

Ha habido en este intensísimo año de todo, solo me quedo con lo bueno y positivo, iniciamos una nueva etapa, nos vamos a formación profesional, aprovechamiento y conservación del medio natural, (antiguos forestales); me ha parecido que el contacto con la naturaleza, que a él le encanta, y el poder no estar tanto tiempo sentado en una silla, (así lo espero), pueda gustarle, no lo sé, la verdad. 

Quiero recordar tu sinceridad a la hora de recomendarme tu centro, y tu empuje a tomar la decisión, sea cual fuere, sería acertada, así ha sido. Eres culpable en cierta medida de esta titulación en ESO, de forma sutil, y en la sombra; quería en consecuencia que saboreases mi/nuestro pequeño triunfo. 

Gracias Javier, 

Un super- abrazo. 

Y mucho ánimo para este curso, saca lo mejor de ellos, aunque esté escondido.”
 

Si lo pensamos, igual tampoco es tan difícil. ¿Nos os parece? Vamos a seguir por este camino dándoles la mano en su trabajo diario y en su vida en general.


Fco. Javier Lozano 1 – abril – 2023


 

viernes, 10 de marzo de 2023

"Sentimientos producidos por el TDAH"

Desde que estoy prejubilado –no jubilado del todo aún– el tiempo ha tomado otra dimensión, tanto para bien, pues los horarios ya no existen de la misma forma, como para mal, ya que es más complicado hacer otras cosas que antes formaban parte de tu día a día.

Una de las cosas que llevo tiempo haciendo es organizar mis cosas, las de mi cuarto de estudio, la mesa, que hace tiempo que no la uso para lo que más me gustaba, mis discos duros, papeles e información que llevaba conmigo años. Algunas totalmente inútiles ya y otras con su valor.

Haciendo esta revisión van apareciendo cosas curiosas –algunas ya las iré comentando. Encontré hace unos días un papel que no tengo ni idea de quién lo pudo escribir, aunque me van viniendo a la cabeza alumnos y alumnas que he tenido la suerte de conocer y poder ayudar a que fueran avanzando y solucionando en lo posible sus problemas. En este caso me temo que de un caso de TDAH.

Os lo copio porque la letra y la redacción es cómo es, lógicamente. Ya lo comprobaréis en la foto de portada del artículo.

 

“Cuando mis compañeros me dicen que me calle porque molesto, yo me siento triste porque no me gusta molestar a nadie. En mi casa también me entristezco porque cuando mis padres tosen yo lo repito sin querer y me entristece porque mis padres tienen que aguantarme y no me dicen nada.”

Solo quería recordar con este mensaje, tan claro y contundente, de este niño o niña, no lo sé, a todas esas personas que siempre creen que nuestros afectados/as con TDAH –también con otros trastornos– hacen lo que hacen a idea por molestar, porque les gusta hacer rabiar a los demás, a ese alumno que atiende en clase o a ese otro que hace cualquier otra actividad.

Todas las personas que están habituadas a tratar a estos niños y niñas con trastornos neurobiológicos, como el TDAH, especialmente madres, padres, familiares cercanos, médicos, sanitarios, personas de asociaciones y profesores –si tienen suerte de dar con ellos– saben de sus características y hacen oídos sordos a todas esas palabras que guiadas por el desconocimiento y las ganas, a veces, de que todos seamos exactamente iguales –sobre todo como a ellos les gustaría– no hacen más que daño a la imagen de un trastorno que los demás tratamos de minimizar con trabajo y esfuerzo, además del de estos niños y niñas, que añaden estos comentarios tan perjudiciales a esa mochila que ya llevan las veinticuatro horas del día.

Simplemente quería compartir este documento, de un enorme valor por su contundencia, su sensibilidad y especialmente porque, aunque parece escrito con un simple bolígrafo, creo que esta personilla la ha escrito con el corazón. 

                                                  Fco. Javier Lozano, 9 – marzo – 2023 


lunes, 27 de febrero de 2023

"Una vida distinta"

 


Han pasado ya unos cuantos días desde aquel en que dije hasta luego a mi actividad docente. Hasta luego porque en septiembre tengo que volver durante otro pequeño periodo de tiempo de unos dos meses y medio. Es lo que tiene este proceso de prejubilación.

Desde hace ya mucho tiempo llevaba soñando con llegar a este punto, en mi caso seguramente más por una anomalía en el proceso de prórroga que surgió de la negociación que vete tú a saber si… Bueno, que ya pasó y a mí lo que me apetecía era esto que he empezado a vivir.

Los primeros días fueron raros, no dejaban de parecer un puente y, tras el domingo, a trabajar, pero la noche de este último día del imaginario puente, una lucha interna increíble se desató en mí. Por una parte, la cena y la oscuridad a través del balcón indicaban que había que dormir ya para levantarse pronto al día siguiente. Por otra, mi cabeza me recordaba que no debía hacer caso a ese mensaje que nacía de la fuerza de la costumbre. Esa sensación llega hasta hoy noche tras noche. Incluso durante el día tengo una curiosa sensación de culpabilidad por no haber ido al colegio esa mañana.

Cuando ya han pasado los primeros once días, ocho de ellos sin clase, sigo sin acostumbrarme a no ver su cara a diario. Hace unos días tuve que acercarme por una cuestión personal y volvieron a aparecer los abrazos y los besos nada más llegar a la puerta del centro. Claro que, con el tiempo, llegaré y será muy distinto porque no me conocerán muchas personas y yo tampoco a ellas, incluido el profesorado. Lo que ha sido mi casa durante tantos años será simplemente un recuerdo.

En este momento estoy tratando de reorganizar mi vida. Trato de hacer cosas que antes no hacía y que hoy el tiempo me permite realizar y otras, a las que antes dedicaba pequeños espacios de mi día, ahora puedo dedicarles mucho más, aunque primero debo planificar todo un poco. Entre estas últimas están las de seguir escribiendo y atender a niños y personas con trastornos como el TDAH, Tourette o acoso escolar que siguen poniéndose en contacto conmigo como asociaciones o a nivel personal.

Con la maldita pandemia dejé muchas cosas a medias, desde viajes para charlas ya programadas por España, hasta proyectos para escribir cuestiones de tipo educativo (tengo una muy interesante que si salé adelante os contaré) y varias de ficción, especialmente una novela con cierto grado de humor que quiero terminar en las próximas semanas. La verdad es que ideas no me faltan. Quedó por culpa de la citada pandemia sin editar, ya maquetada, una recopilación de más de 60 artículos educativos de mi blog, a petición de mucha gente que lo lee habitualmente y que titulé ¡Cuidado con la tarima! Reflexiones desde mi aula. No sé si lo sacaré ya o no. Depende de vosotros.

Así pues, voy a ver si me acostumbro a esta nueva forma de vida, sin dejar de lado algo tan importante para mí, además de tratar de sonreír a diario porque sé que tras estas líneas estás tú, montones de personas que me habéis acompañado siempre y que sé que lo vais a seguir haciendo. Yo, por mi parte trataré de brillar si es posible para quien me necesite.


Fco. Javier Lozano, 27 – febrero – 2023

miércoles, 18 de enero de 2023

"Siempre a vuestro lado"

 



Ya ha pasado más de una semana desde que cerré la puerta del aula tras mi última clase, un momento que parecía que nunca llegaría. Tras ella quedaron muchos recuerdos, vivencias que espero que hayan servido a montones de personas que se han cruzado en mi camino. Desde ese día una sensación extraña me acompaña. Trato de aprovechar mi tiempo reorganizando mis cosas, apoyando a cuantos compañeros requieren mi ayuda o mi consejo. Dedico también parte de él a unas niñas chinas que no hablan ni una palabra de español, complementando lo que aprenden fuera de aquí por las tardes. He estado en alguna clase porque faltaba alguien y acompaño un par de horas a una compañera en apoyo de matemáticas.

 Además de todo esto, hace unos días entraba a verme a la sala de profesores un antiguo alumno del que fui tutor y, tras contarme cosas de su vida en los últimos años, me decía que iba a venir a hacer el prácticum de sus estudios universitarios de química. Desde ese día nos vemos a diario. También he conocido a un puñado de jóvenes que han venido como él y, gracias a ese grupico, la estancia en las horas en que no salgo del centro son mucho más amenas, pues comentamos inquietudes y compartimos vivencias. Entre ellos hay otro par de alumnos de hace bastantes años. Se siente algo tan especial al verles de nuevo.

 Así van transcurriendo mis días, llenos de horas en las que hacer cosas para mejorar en lo posible todo aquello que tenga que ver con mi trabajo y con el de la gente que me rodea.

Pero una de las cosas que más me gustan, que más me llenan, es cuando subo por cualquier causa por las plantas donde están las aulas. En los cambios de clase, los alumnos y alumnas que han convivido conmigo, especialmente en el último curso y el primer trimestre de este, van de aula en aula mezclados con decenas de compañeros que hacen los mismo que ellos en ese instante. Es un momento que me llena porque refleja ese cariño sin medida que yo he dado a todos ellos y que ahora me devuelven en forma de abrazos y besos y diciéndome que vuelva a clase con ellos. Entre toda esta gentecilla encuentro especialmente a quienes me han sentido muy cerca cuando me han necesitado por tener TDAH, síndrome de Tourette, sentirse acosados y mil cosas más. Desde luego, ellos me van a tener siempre a su lado ¡Les echo de menos a todos! 

Fco. Javier Lozano, 18 – enero – 2023

miércoles, 21 de diciembre de 2022

"Cerrando la puerta"


Aún recuerdo la ilusión que me llevó a la Escuela de Formación del Profesorado tras atravesar mi adolescencia. Por fin mi sueño de ser maestro iba a empezar a convertirse en realidad a base de esfuerzo y dedicación a libros de Psicología, Pedagogía, Didáctica y otras muchas asignaturas, además de las de la especialidad de Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza que yo había decidido seguir. Luego vino aquel primer colegio, San Juan de la Peña, en los bajos con poca luz de unos edificios de los que bajaban aquellos alumnos que daban luz a mis primeros años de profesión. Por fin estaba dedicando mi vida a esos chicos y chicas con quienes yo había soñado, ayudando a sus familias en su formación. Fueron unos años entrañables, de ahí el cariño que todavía les tengo y ellos a mí. 

Más tarde llegaría el cierre de mi añorado colegio y mi llegada a San Valero, un centro con muchas posibilidades. Fue entonces cuando amplié mis estudios con la carrera de Ciencias de la Educación (Pedagogía) en la especialidad de Orientación escolar, lo que sirvió para que ejerciera unos pocos años como orientador, hasta que las circunstancias me mandaron de vuelta a las aulas, cosa que aproveché para seguir estudios de doctorado, dedicándome después al TDAH sobre todo, además del Síndrome de Tourette, el acoso escolar y otros trastornos. Comencé a escribir algunos libros y a viajar de un lado a otro dando charlas sobre esos temas, referidos al trato del alumnado en el aula.

Han pasado muchos años desde que pisé por primera vez un aula y sentí el cariño que solo saben transmitir esos alumnos y alumnas que te miran, esperando siempre que les ayudes a seguir adelante en su vida, a través de unos ojos que te transmiten también todo lo que les rodea y que tal vez sus palabras no saben transmitir de igual manera.

El tiempo ha seguido su curso y poco a poco, casi sin darme cuenta, ha llegado la hora de dejar paso a gente que venga con las mismas ilusiones que me empujaron a mí a meterme en este mundo de la educación. Dentro de mi prejubilación, hoy he terminado una primera fase. Ya no voy a dar clase nunca más, se acabo el corregir exámenes, las reuniones de evaluación, acudir a cursillos y otras cosas similares. Desde este momento voy a concentrar el tiempo que me queda hasta la jubilación en varias fases pudiendo disfrutar ya de meses fuera de mi trabajo diario. A partir de ese momento podré tener tiempo libre para mis cosas, entre las que se encuentran seguir apoyando a los niños con problemas, allá donde me necesiten, sin ataduras de horarios de clase.

De momento espero estar desde enero, poco menos de dos meses, apoyando a otros jóvenes profesores en sus clases y otras labores de apoyo que haré encantado por ese alumnado al que seguiré queriendo como ellos me quieren a mí.

Hoy ha sido un día muy especial. Me he despedido de mis alumnos como profesor de asignatura, nos hemos hecho fotos, me han escrito cosas preciosas e incluso me han hecho algún que otro regalillo para que les recuerde. Al final, he pedido que me hicieran una foto que habla por sí sola. En ella se ve cómo cierro la puerta del aula donde he impartido mi última clase, oficialmente la última de mi carrera profesional, la última de mi vida como docente, aunque seguiré siéndolo mientras viva. Al cerrarla, no queda atrás solamente un grupo de pupitres, una pizarra o la mesa del profesor. Lo que realmente queda tras esa puerta son muchas ilusiones, vivencias, momentos malos y buenos, alegrías, penas, risas y multitud de susurros. En realidad, tras esa puerta quedan encerrado cuarenta años de mi vida.

Muchas gracias a todas las personas que habéis pasado por mis aulas y habéis llenado de sentido la mayor para de mis años, de toda una vida.

             Fco. Javier Lozano, 21 – diciembre – 2022

lunes, 28 de noviembre de 2022

“Buen título para el tema de matemáticas”

 

“Buen título para el tema de matemáticas”

 


A todos nos va pesando siempre la semana, pero al llegar a la última hora de clase del viernes, ese peso es ya mucho más visible en nuestro alumnado. El viernes pasado entramos a clase y, entre lo dicho y que estos días la bronquiolitis y otras patologías están mermando la asistencia a las aulas, tras comentar lo que íbamos a hacer, cada uno con más o menos ganas se puso a trabajar en lo que les había dicho. 

Cuando llevaban centrados unos minutos nada más, uno de los alumnos de primero de la E.S.O. que asisten a la clase de taller de matemáticas para reforzar esa asignatura me planteó una de esas dudas que se resuelven por sí solas, pero a la que este chico dio una respuesta simpática, directa y contundente. La pregunta, evidentemente por hacer una gracia, después de poner en pantalla ejercicios sobe potencias y raíces, precisamente de un tema que se titula así, fue “Javier ¿Qué título ponemos?”

A mí se me ocurrió contestarle, con una sonrisa que venía a decirle que si todavía no se había enterado de qué iba lo que estábamos trabajando y que en la pantalla se veía en un tamaño enorme, que podía poner lógicamente por título “Cómo matar un elefante a besos”.

Una vez contestada su gran duda y viendo que se ponía a ello, he seguido atendiendo a otras cosas y al resto del grupo. Cuando habían pasado un par de minutos, con una cara que os podéis imaginar, sonrisa picarona y ojos de bichillo simpático y juguetón, me llamó por mí nombre para decirme “¿Así está bien?”

Le pedí permiso para hacer una foto a esa portada con un carácter matemático impresionante. La verdad es que ese día y a esa hora ya poco trabajó. La semana había conseguido agotar sus pocas ganas de trabajar, pero no las de bromear y hacerme sonreír. En una mañana como esa, dura, apagada y triste, salvo en unos escasos minutos, agradecí la ingenuidad con la que me ayudó a evadirme unos segundos de mi auténtica realidad. Todo un personaje, os lo aseguro.

                                                Fco. Javier Lozano, 28 – noviembre – 2022