Hacía mucho que no me asomaba por aquí, pero estos días estoy pensando en lo que eran estos momentos años atrás. Hoy llevaría ya cuatro mañanas acudiendo a reuniones para preparar el nuevo curso, tras unas jornadas de formación. Estas últimas, en algunos momentos útiles aunque solo fuera por volver a vernos y hacer grupo con los nuevos compañeros. Las citadas reuniones, como tantas a lo largo del curso año tras año, más de lo mismo, cuatro ideas y poca operatividad, pero hay que contar horas de reuniones.
Lo bueno, lo esencial de nuestro trabajo, donde hay que echar horas, ganas, ilusión y muchas cosas más viene unos días después, esta vez el próximo martes, en el aula.
No voy a quejarme de estar jubilado, claro que no, pero he de reconocer que lo que me llevó a dedicarme a la educación fue una vocación desde muy pequeño, desde el corazón, y por eso ahora reconozco que hay muchos momentos de esa vida que echo mucho de menos.
Hoy me quedo con el cariño que recibo muy a menudo por la calle de alumnos y alumnas que te recuerdan, o sus padres y madres. Todo eso es el premio a una dedicación sin límites y es lo que más. Como siempre digo en estos casos, algo habremos hecho bien en tantos años, porque también sería muy fácil por su parte cambiarse de acera o mirar para otro lado al vernos.
Unas personillas que han marcado mis últimos años, siempre dedicados a ayudar a mis alumnos y alumnas, con y sin problemas, son esas tan especiales que son quienes más nos necesitan siempre. Alumnado con TDAH, Síndrome de Tourette, Asperger y tantos otros problemas que no les ponen nada fácil su día a día y la mayoría de las veces no por tener esa condición, sino más bien porque las personas que les rodean no saben que con su forma de actuar les pueden ayudar enormemente. Así que desde mi nueva situación seguiré aportando mi granito de arena en el día a día, en la calle o acudiendo como siempre a echar una mano a charlas, jornadas o lo que sea necesario ahora sin la sujeción a antiguos horarios. Mi recuerdo y cariño a mis amigos y amigas de Ceuta, a donde acudí este año a dos congresos de TDAH, deseándoles que pase lo antes posible esa brutal pesadilla que están viviendo.
Me considero pues maestro y educador para toda la vida, porque en el día a día hay muchas situaciones que te hacen reaccionar y sacan de ti ese docente que llevas dentro y ayudas, enseñas, haces cosas sencillas para mejorar la sociedad que nos rodea.
Hay personas que echo mucho de menos en estos momentos, personas a las que he llegado a querer de verdad, no solo al alumnado, también a compañeros y compañeras, algunos hoy ya amistades para siempre, a alguna persona que el día a día en la escuela me permitía ver y alegraba esta vida que tanto ha cambiado. Gente a la que me gustaría seguir viendo siempre. Habrá que hacer algo para no perder lo que me ha ayudado a ser feliz durante años.
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