Esta mañana, como todos los jueves de este curso, me
tocaba vigilancia de recreo. Una compañera y yo hemos subido a los campos de
deporte paseando para comprobar que todo estaba en orden y que los alumnos y
alumnas jugaban y hacían deporte a gusto sin dirimir sus diferencias por métodos
que poco tuvieran que ver con el dialogo.
Cuando ya estábamos
cerca, un grupito de chicas de 2º de ESO, de las que hacen que pienses que
merece la pena tu trabajo, se han acercado y me han rodeado como suelen en
estos casos para demostrarte un cariño que ya notas en clase en su forma de
tratarte, en su comportamiento o en sus
miradas. Estaba en ello cuando de otro de al lado, unos metros más allá,
se ha acercado otra chica a la que no le doy clase y con la que nos saludamos
por los pasillos como con otros muchos alumnos de la escuela, acompañada por su
correspondiente pandilla. Quería hablar conmigo.
Al llegar a mi lado
me ha preguntado cuando podía atenderla en algún otro momento un día de estos.
Le he dicho que en cualquier recreo o hueco que yo tuviera libre, que sabía que
podía contar conmigo. Entonces me ha contado su problema allí delante de todas
sus amigas.
- Es que ¿sabes? Tu
libro de Juanito, el que me dedicaste, se lo presté a una amiga.
- Y te lo ha
perdido – le he cortado yo enseguida.
- No. –me ha
respondido la chica. Pero me he comprado otro.
- Entonces ¿qué ha
pasado? ¿Se lo has regalado?
- Es que tiene un
perro y se lo ha comido.
Lógicamente nos
hemos reído todas las personas que estábamos allí y a mí me ha quedado esa
sensación que pocos escritores han debido tener. Sabía que el libro ha sido un
éxito y que hasta la 2ª edición debe estar a punto de agotarse, pero jamás
había ni siquiera imaginado que pudiera gustarle a los perros. Tal vez proponga
una nueva edición, eso sí, ésta exclusiva para canes.
Ha sido divertido y
hemos quedado para dedicarle con todo cariño el nuevo. ¡Cómo nos hemos reído!
Zaragoza
26/09/2013
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